meditación, Relajación

Práctica para relajar la mandíbula

Todo empezó hace millones de años

Antiguamente, muy antiguamente, perder algún diente era un problema serio y perder muchos podría reducir drásticamente tus posibilidades de supervivencia. Y esto sucedía con frecuencia al recibir golpes en la cabeza. Apretar fuertemente las mandíbulas antes de recibir un golpe es una forma eficaz de proteger los dientes (y de paso de evitar morderse la lengua). Pero claro, si estabas inmerso en una situación de peligro, por ejemplo, delante de un oso, tenías que poner toda tu atención en el oso, y no podías perder el tiempo pensando “tengo que apretar los dientes para que no se me rompan”. En este entorno, aquellos individuos que de forma instintiva contraían la mandíbula consiguieron una ventaja para sobrevivir.

Hoy en día, mantenemos ese instinto, y apretamos los dientes para prepararnos para cualquier lucha, aunque esa “lucha” sea contra el reloj, para llegar a tiempo a una reunión, y ¿quien sabe? es posible que en alguna ocasión te haya ahorrado una carísima factura del dentista, así que no lo rechaces como algo malo, saluda a tu parte más primitiva y agradece a tus ancestros, que fueran capaces de sobrevivir, porque gracias a eso estas aquí y ahora.

Pon consciencia en el hecho, de que ante cualquier peligro (real o imaginario), tus mandíbulas tenderán a contraerse de forma involuntaria y, lo que es peor, en situaciones de estrés el cuerpo se mantiene innecesariamente en un estado de reacción ante el peligro.

Des-aprender a reprimir los bostezos, suspiros y estiramientos.

Resulta que el cuerpo humano, viene equipado con algunos mecanismos estupendos para liberar tensiones. Lástima que desde pequeñitos nos hayan enseñado a reprimirlos.

Para algunas personas bostezar puede ser doloroso, si es tu caso acude a un especialista y sigue sus instrucciones. En caso contrario, te invito a que la próxima vez que surja un bostezo te dejes llevar por la sabiduría del cuerpo, y fluyas conscientemente. Si el cuerpo te pide un suspiro o un estiramiento, concedéselo y date permiso para disfrutarlos.

Práctica :

Perfuma tus manos, con cualquier aroma que te resulte agradable y y relajante. Puedes usar tu colonia favorita, una crema que no te deje las manos grasientas, un jabón aromático con agua templada etc. Utiliza tu instinto para elegir el aroma adecuado en cada momento.

Frota bien tus manos para que se impregne bien el olor y para calentarlas. Siente como se cargan de energía…

Siéntate en una posición cómoda, cierra los ojos y haz 3 respiraciones amplias, lentas y liberadoras. Afloja el rostro, labios rozándose suavemente o entreabiertos, frente lisa, relaja todo tu cuerpo…

Es posible que, en cualquier momento de esta práctica, surjan bostezos, suspiros y ganas de estirarse, si es así dejate llevar y permite que se expresen libremente. También es frecuente empezar a salivar con la relajación, si esto ocurre, simplemente traga la saliva de forma suave y consciente.

relaja la cabeza

  1. Frota suavemente el entrecejo y el nacimiento de la nariz.

  2. Recorre las cejas, dando pequeños y suaves pellizcos con 2 dedos o pequeños círculos

  3. Mima tu frente, desde el centro hacia arriba y los lados

  4. Pequeños toques con las yemas de los dedos en el orbital inferior (sintiendo el hueso evitando la zona blanda)

  5. Recorre los laterales de tu nariz

  6. Continua masajeando el contorno de la boca.

  7. Masajea pómulos y mejillas

  8. Pasa a las sienes. Adecua la intensidad del masaje a cada espacio. Siente la suavidad de la piel

  9. Toma simplemente consciencia de la existencia de las 2 orejas acariciándolas con suavidad

  10. Masajea el cuero cabelludo haciendo pequeños círculos con la yema de los dedos de forma simétrica desde las orejas hasta la nuca.

  11. Continua con todo el cuero cabelludo.

  12. Debajo de las orejas, encuentra la musculatura y amásala de forma agradable. Tómate el tiempo que necesites para sentir esa zona relajada

  13. Sube masajeando de forma simétrica a lo largo de la arista del maxilar inferior.

  14. Pasa a la barbilla , masajea y muévela suavemente con los dedos arriba y abajo y a derecha e izquierda

Vuelve a frotar tus manos y sacudelas como si quisieras sacudir gotitas de agua. Descansa los brazos y siente el efecto del masaje.

Haremos ahora el mismo recorrido de forma mental, simplemente llevando la atención a cada espacio, sintiendolo y enviando pensamientos de relajación. Este recorrido lo puedes repetir varias veces, hasta que sientas que el rostro ha perdido todo rastro de tensión.

  • entrecejo , el nacimiento de la nariz.cejas, frente, orbital inferior, nariz, contorno de la boca, pómulos y mejillas, sienes., orejas, desde las orejas hasta la nuca, cuero cabelludo, debajo de las orejas, maxilar inferior y barbilla.

 

Cuando hayas conseguido la neutralización muscular continua con la neutralización emotiva, siente como la expresión de tu rostro completamente relajado crea como una especie de atmósfera apacible. Como esa paz en el rostro va penetrando hacia tu interior. Observa con una atención relajada, confiada, casi sonriente. Si aparece una sensación o emoción, simplemente permite que se disuelva lentamente…

Siente la boca y la lengua

Toma consciencia de toda tu boca, date cuenta de que desde los labios a la garganta y desde debajo del paladar, ocupa casi la mitad de tu cabeza.

Observala desde el exterior; de los pómulos a las orejas de ahí a la barbilla, siente la forma de tus labios.

Siente el interior de tu boca, exploralo con tu lengua, las encías, el paladar, la forma de los dientes y muelas, el interior de las mejillas.

Siente la lengua, es una de las partes del cuerpo con más riqueza de sensaciones, es la única que puede saborear, pero ademas de eso puede sentir frio y calor, la textura, humedad, la forma etc.

Relaja la boca y la mandíbula

Relaja toda la boca, los labios y en especial la mandíbula. Observa si los labios se tocan o no. La distancia entre tus muelas.

Relaja la musculatura debajo de tus orejas. ¿queda en ese espacio algún poso, alguna sensación del masaje que recibieron antes?

Relaja la lengua

Deja la lengua flácida dentro de tu boca. Intenta averiguar cual es su verdadera forma y tamaño.

Relaja desde su punta a la garganta.

Finalmente deja la punta de la lengua apoyada detrás de los dientes superiores, en el nacimiento del paladar

Relajamos el cuello y la garganta

Deja caer la cabeza suavemente hacia delante, manteniendo la espalda vertical. Permite que la cabeza pese. Oscila la barbilla suavemente a lado y lado, primero solo unos centímetros y ve ampliando hasta que la barbilla se oriente de hombro a hombro.

Mirando al frente gira la cabeza hacia derecha e izquierda como si dijeras no varias veces y después hacia delante y atrás como si dijeras sí varias veces.

Relaja la garganta y las cuerda vocales, observa como al pensar parece que quiere surgir en lo profundo de tu garganta el proyecto de un sonido. Como al pensar en un sonido la boca, la lengua, la garganta las cuerdas vocales se preparan para pronunciar. Busca el silencio para que todo ello se relaje

Afloja los hombros

Relaja el espacio que va desde tu cuello a los hombros y afloja tus hombros. Aflojalos más y más. Haz pequeños círculos con los hombros y vuelve a aflojarlos

Encuentra el eje de la cabeza

Con la espalda recta y vertical permite que la cabeza oscile delicadamente adelante y atrás y a ambos lados y ve dejando que poco a poco encuentre la posición en la que pesa menos

Meditación final

Relaja todo tu cuerpo y observa tu respiración.

Siente la vida que fluye, palpita, vibra por todo tu cuerpo…¡¡qué formidable es simplemente sentir tu cuerpo vivo!!

Toma consciencia de que esta vida te ha llegado a través de tu madre y que a su vez la recibió de la suya, tu abuela, y así sucesivamente…

Ve así retrocediendo en el tiempo por ese linaje anónimo de madres, esa linea ininterrumpida de vida, cada vez más y más atrás en el tiempo. Agradece a todas y cada una de ellas que mantuvieran esa linea de vida ininterrumpida. Ninguna de ellas perfecta, cada cual con sus carencias y fortalezas pero cada una indispensable para llegar hasta ti. Agradece también a los hombres que las acompañaron en ese viaje.

Sigue así hasta llegar a esa época arcaica, libre y salvaje en la que sobrevivir un día más era una victoria. Conecta con esa mujer, con su fuerza, su bravura, su instinto casi animal. Conecta con esa mujer fiera que apretaba y enseñaba los dientes para preparase para la lucha. Mírale a los ojos y agradecele que se perpetuara, dile que lo ha conseguido y que ahora puede descansar. Acompañala a su cueva, donde se siente segura y arrópala con unas pieles. Observa como duerme tranquila y apaciblemente.

Lleva esa imagen a tu vientre cerca del ombligo y consérvala en tu interior como un tesoro. Siente su fuerza, su ímpetu, acepta esa ferocidad, ese instinto como parte de ti y agradece que puedas recurrir a ella si lo necesitas, sabes que está en tu interior y que no te fallará. Mientras tanto, mientras no lo necesites, permite que descanse…

Vuelve a conectar con tu cuerpo, observa el poso que ha dejado esta sesión. Sin prisa, ve moviendo con suavidad todo el cuerpo, escuchando lo que el propio cuerpo pida y dejando que se exprese libremente… si surgen bostezos, suspiros o estiramientos los acoges y los disfrutas

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