enriquecer la práctica

El teléfono en las clases de yoga o meditación

No es lo mismo silenciar el teléfono porque la profesora te pide que lo hagas, a darte el gustazo de apagarlo, como diciendo “Ahí te quedas, calladito y sin molestar, que yo voy a disfrutar de mi práctica”. Con esa intención de parar, de aislarte por unos momentos del mundo exterior, de concederte unos instantes para conectar con todo tu ser a todos los niveles, cuerpo, respiración, mente, emociones, etc.

Si te lo dejas en casa, todavía mejor, porque empiezas a crear ese ambiente de interiorización al tiempo que te preparas para la clase.

Tampoco es lo mismo, si en lugar de pensar en una norma de educación, lo haces con respeto y cariño a todas las personas que comparten la clase contigo, con generosidad, ayudando a crear esa energía de grupo, esa sinergia entre practicantes, entre compañeros de camino…

Tampoco es este un espacio en el que nos guste conjugar el verbo prohibir. Por supuesto, que si un día tienes un motivo importante para no hacerlo, nadie te lo va a impedir, eso sí, te vamos a agradecer que lo pongas en modo vibración o como menos moleste al resto. Y comprenderemos, intentando no distraernos de la práctica, que esa llamada puede ser algo importante para ti, como por ejemplo, un familiar enfermo.

No es lo mismo el amor al silencio, que la aversión al ruido.

En yoga y meditación damos mucha importancia a este tipo de enfoque. A esos detalles que van más allá de las técnicas empleadas y que lo cambian todo.

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